Es raro que, entre tanta costumbre o estilo de vida importado de Estados Unidos, no se haya adoptado Thanksgiving. Y más todavía con el número creciente de los que festejan Halloween o San Valentín, a mi gusto, celebraciones bastante más pavas que –traducido al español– el Día de Acción de Gracias. La semana pasada tuve mi tercera cena de Thanksgiving y diría que ya le gana en preferencia a cualquier otra festividad del estilo, como Pascua, Navidad o Año Nuevo, más allá de los significados religiosos de cada cual.
Como vimos en decenas de películas, millones de gringos se cruzan todo el país para reunirse con sus familiares y compartir una cena que siempre caerá un día jueves, el cuarto del mes de noviembre. Lo mejor de todo es que después de eso se terminó la celebración. Algunos seguirán en familia [por lo general, comiendo hasta el domingo] y otros lo aprovecharán para descansar o hacer alguna escapada turística. Con Fer, por ejemplo, el jueves cenamos con amigos y el viernes nos fuimos a Boston, hasta el domingo.
El lado amargo de Thanksgiving es justo al otro día de la cena y se lo conoce como Black Friday ["viernes negro"]. Los comerciantes hacen ese día sus mayores ofertas y se dice que las ventas los ayudan a revertir a negro los números rojos. Entonces, otros millones –o parte de los mismos que se cruzaron el país para celebrar Thanksgiving en familia– salen a la caza de los más grandes descuentos: muchísimos no duermen, hacen colas interminables y embisten salvajes cuando se abren las puertas de las tiendas, excepcionalmente casi de madrugada.
El viernes pasado, un empleado de Wal-Mart, en Long Island, murió aplastado a pisotones por una turba de consumidores sin control cuando abrieron las puertas de la tienda. A través de este enlace, una buena selección de fotos de The New York Times del último viernes negro en Nueva York.



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8 respuestas hasta el momento ↓
Ana // Diciembre 4, 2008 a 7:07 am
Sí, creo que el hecho de que se reúnan las flias lo hace un poco menos común que el resto de las fiestas… y que siempre sea el 4º jueves de noviembre.
Vos creés que en algún momento importaremos el Thanksgiving??
Y mi favorita de estas fiestas es Home for the Holidays de Jodie Foster con Holly Hunter…
Delfi // Diciembre 4, 2008 a 7:35 am
aahhhhh… ya entiendo, son como esos “fundamentalistas” que se mueren en peregrinaciones… Pero esa locura consumista, quedémosnos tranquis, no pone en jaque el orden mundial establecido… naaaaaaaaaaaaaaa
(hoy no estoy inspirada, estoy leyendo las ofertas del miércoles mujer en unicenter… las que me perdí ayer y en la que pude haber muerto por los beneficios de los codazos de señoras bien, como una… jajaj)
Olivia // Diciembre 4, 2008 a 10:14 am
Estoy totalmente de acuerdo contigo. Este año celebré mi primer thanksgiving y me pareció magnífico. Eso de sentarse en la mesa a dar gracias por todo lo que se tiene es muy especial.
Saludos!
Gabito Crónico // Diciembre 4, 2008 a 5:58 pm
Habrá que importarlo a la Argentina che, Halloween ya copó todos los jardines infantes.
Saludos
chango glamour // Diciembre 5, 2008 a 10:54 am
Oh, qué adorables los clientes frenéticos aplastando a un trabajador mal pago de Wall-Mart. Parecido a lo que los colones ingleses hicieron a los aborígenes norteamericanos en los años sucesivos al primer Thanksgiving.
Un abrazo
Matías Maciel // Diciembre 7, 2008 a 9:38 pm
No sé si se importará alguna vez el Thanksgiving. En el caso de que sí se lo haga, esperemos que no llegue con el viernes negro [además, ¿liquidaciones en Argentina? hmm...].
Delfi, por las dudas dale un vistazo al sitio del Alto Palermo… siempre publicitado como el shopping de la mujer moderna.
Luciano // Diciembre 8, 2008 a 6:01 pm
Llamá la próxima vez que estés por Boston! Justo no estaba por me fui para San Fran por Thanksgiving, pero chiflá si venís otra vez y los invito a cenar a algún bolichito.
Abrazo,
Lucho.
Ni buena ni mala... // Diciembre 11, 2008 a 1:36 pm
Cuando a mi hija le explique qué es el capitalismo le mostraré esas imágenes. Porque una imagen vale más que mil palabras.