A continuación, un texto que escribí sobre mi reciente visita a Lima y que fue publicado el domingo último [31 de agosto] en la revista C, del nuevo diario Crítica. A través de este enlace puede verse la versión en pdf.
Rosa de Lima, linda lejana
Nadie me había dicho que el cielo de Lima era gris. O blanco, un blanco grisáceo, pleno, sin matices durante cinco meses, de junio a octubre. “Su geografía tropical inventó entre los extranjeros el mito de que era una ciudad soleada”, escribió hace un tiempo el periodista peruano Julio Villanueva Chang.
A pesar del cielo metálico, en Lima no llueve nunca. Ni siquiera cuando llueve: “Esto no es lluvia, es garúa”, le dirán todos (pero todos) los lugareños si por casualidad al visitante –como a mí– le toca estar en la ciudad el día que, de manera excepcional, caen algunas gotas del cielo. Sépalo: en Lima no llueve y por eso no se venden paraguas.
Quizás, a los amantes de la playa y el mar –aunque se trate del frío Pacífico– les conviene esperar al verano, cuando –dicen– el techo neblinoso se convierte en cielo azul. Pero lo recomendable es no postergar demasiado la visita, porque el momento de Lima es ahora.
Es que hace unos pocos años, a los peruanos les dio un ataque de peruanidad y es en Lima –su capital, por supuesto– donde se lo percibe con mayor efervescencia. “Es como una vuelta a la tradición, un proceso de re-identificación con lo propio”, me explicó una joven limeña que trabaja en turismo.
Eso explica tal vez que ahora se vean tantas cebicherías. Y que se beba tanto pisco, la emblemática bebida alcohólica nacional que hasta principios de este siglo pocos peruanos bebían.
Bastó darse cuenta de que los chilenos lo reclamaban como propio (y ya lo consumían y lo exportaban por gigalitro) para que en Perú se lo declarase Patrimonio Cultural de la Nación y se convirtiera –en su versión sour– en el trago estrella de las barras de todo el país.
La cocina autóctona no se termina con el cebiche. Por el contrario, la gastronomía actual es quizá lo que más ha alentado el reverdecer peruano. Los profesionales de la nueva cocina recuperaron los sabores de la comida popular y los volvieron irresistibles para propios y extraños: los expertos internacionales la consideran la mejor de América latina.
El desarrollo ha sido tal que hasta el peruano más distraído sabe que Gastón Acurio es el actual monarca de la cocina local y, si se lo apura, es capaz de elaborar su propio top ten. Al margen de los chef-celebridades, la oferta es amplísima, para todos los gustos y bolsillos.
Como si fuera poco, también están los chifa, como se conoce a los restaurantes chino-peruanos, la mayoría accesibles. Yo almorcé en Wa Lok, un clásico del barrio chino. Su dueña, Liliana Com, con sangre china en sus venas, se anima a decir que la fusión de los sabores criollos y chinos han mejorado la tradicional cocina de sus ancestros.




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9 respuestas hasta el momento ↓
Malen // Septiembre 2, 2008 a 2:11 am
Bella Lima! Y el cielo gris se les escapo en enero también, cuando estuve ahi. Gracias por los lindos recuerdos!
maggie (in spain) // Septiembre 2, 2008 a 2:28 am
qué ganas de conocer Lima. últimamente me tropiezo con muchos indicios de que ‘debo ir’. me tendré que rendir a las evidencias.
saludos y buen regreso.
Ana // Septiembre 2, 2008 a 8:15 am
Un amigo se va ahora en octubre… es verdad lo que decís, está renaciendo Lima (o por lo menos es lo que cree este amigo que vivió allí por más de 10 años).
Fabiana // Septiembre 2, 2008 a 9:53 am
Qué linda referencia sobre Lima. Conseguiste que me pusiera algo nostálgica. Mi hermana y su familia, están radicados allí desde hace 12 años.
Adhemar // Septiembre 2, 2008 a 12:26 pm
Matías que lindo que hayas estado en mi país. Yo acabo de regresar también y efectivamente el cielo en estos meses es muy gris, casi deprimente, pero se te olvida por la noche cuando sales a comer a algún restaurante o chifa. Casi toda mi familia vive en Lima y nos sabes como los extraño cada vez que regreso a NY. Planeo regresar en diciembre pero todos dicen que la mejor época es febrero durante carnavales.
claris // Septiembre 2, 2008 a 12:54 pm
Este verano estuve de vacaciones en Peru, en enero … y la caprichosa naturaleza quiso que el cielo de Lima tambien fuera gris en esos dias. Tambien el de cuzco, puno, nazca, paracas … pero por suerte, el color de los trajes tipicos y el olor de sus comidas contrastaron con el cielo y el aire se tiño de maravillosas policromias. Contigo Peru !!
maresdelsur // Septiembre 4, 2008 a 3:19 pm
Tiempo sin leerlo profesor… he tomado debida nota de Lima y dejo constancia que yo soy de los que creía en el mito tropical.
Nunca me comí (después de la experiencia aquí) que el Pacífico fuera calentito…:)
Matías Maciel // Septiembre 5, 2008 a 3:29 pm
Sí, Maggie, tenés que ir. En lo posible, en primavera-verano, aunque por lo que señalan Malen y Claris tampoco es garantía. Igual, no está mal ver el cielo gris de Lima.
Adhemar, no recordaba que habías nacido en Lima. Mareado, seguro, por la cantidad de lugares en los que viviste. Abrazo.
Mares, bienvenido de vuelta.
Saludos a todos y gracias por los comentarios.
Rosario Diaz araujo // Septiembre 5, 2008 a 7:41 pm
Cuando estuve en Lima paré an la casa de un amigo: el me dijo que los limeños extrañan tanto al sol que por eso bautizaron a su moneda. Es evidente cuando caminás por sus calles, al ritmo del “uan sol amigo”!