En estos días voy a escribir un nuevo texto para la próxima Gata Flora, el número que estará en las calles los primeros días de julio. Y para que no se olviden de comprar la revista –“porque sabemos que un objeto de deseo es para toda la vida”, en palabras de Agustina Fernández, su directora–, publico a continuación el artículo completo que salió en la edición de otoño.
Hace unos días empezamos a planear el primer viaje a Buenos Aires desde que llegamos a Nueva York. Pasaron veinte meses, así que ya era hora. Lo que más lamento es que seguro nos perderemos una de las mejores épocas del año, que es la primera parte del verano y vamos a estar de vuelta a fines de julio o principios de agosto para revivir la peor de todas, cuando en la ciudad hace un calor ígneo, comparable al enero porteño. Algunos dicen que no, que es mucho peor en Buenos Aires, pero es tan malo el recuerdo del calor que sentí, recién llegado, en mi primer agosto neoyorquino, que será difícil convencerme. Tengo que admitir, sin embargo, que varios motivos contribuyen a ese mal recuerdo, y que podrían explicarse por el “síndrome del recién inmigrado”.
Hasta que salimos de Ezeiza, lo único que teníamos por seguro era que Fer estudiaría Sociología y que por eso mismo viviríamos al menos dos años en Nueva York, una ciudad que sólo conocíamos por películas. Y nada más. Por ejemplo, no sabíamos si viviríamos en Long Island, donde queda la universidad de Fer –a dos horas de tren al este de Manhattan–, o si nos instalaríamos en Queens, que es mucho más cerca de la ciudad. Ignorábamos incluso si –por los costos– habríamos de vivir solos o si compartiríamos un departamento con desconocidos.
Pero más importante –y preocupante– que todo eso era no saber de qué viviríamos. Fer había conseguido una beca y por eso teníamos un ingreso fijo asegurado, pero estaba claro que no sería suficiente para mantenernos por mucho tiempo. Además le augurábamos muy corta vida a los ahorros que traíamos: el equivalente a un Renault Clío ’99 recién vendido más algunos préstamos familiares.
Mi intención era trabajar como periodista, pero el problema era el idioma. Porque una cosa era chapucear en el cara a cara, pero otra cosa es estar dispuesto a pifiar la sintaxis sobre el teclado. Escribir para medios de Argentina había sido casi descartado antes de partir de Buenos Aires por el abismo entre el dólar y el peso argentino. Claro que lo haría cuando me interesara una propuesta, pero era impensable hacerlo siquiera para subsistir. (Por la inflación en Argentina –y el consiguiente aumento de los salarios– las cosas empezaron a cambiar en el último año y ya no es impensable escribir para medios argentinos.)
Aunque la situación nunca llegó a ser angustiante, sí se volvió monótona y tediosa tras los dos o tres primeros meses sin mucho para hacer –descontemos agosto mejor, que apenas alcanzó para encontrar el departamento que alquilamos (al final fue en Woodside, Queens). Septiembre y octubre de 2006 son los meses que más despejados aparecen en la agenda de mi vida. Me asomo ahora mismo en el calendario de aquella época y no veo más que un puñadito de compromisos, que en su mayoría tuvieron que ver con actividades de Fer.
Sin embargo, entre tantos días en blanco, se destaca un martes de octubre, marcado con un puntito verde, el color que en mi calendario identifica a lo que tiene que ver con “trabajo”. Resulta que en aquel rellano –tedioso y soporífero– había decidido enviar algunas cartas de presentación a casi una docena de publicaciones en español que había podido identificar: un par de diarios, tres o cuatro semanarios y algunas otras con salida más que irregular. En la mayoría de los casos, en verdad, se trataba más de modestos microemprendimientos personales antes que de genuinos medios periodísticos, pero no menos cierto es que yo quería –y necesitaba– empezar a escribir para ganar unos mangos.
La primera (y única) respuesta la recibí pocas horas después de hacer los envíos. Era de Fidel Ariño, el “Executive Editor” de Extra, un modesto periódico quincenal (no busquen en Internet, ahórrense el tiempo, que no tiene sitio web). Y copio textual:
Estimado Matias
Muchas gracias por su email. El martes 17 a las 7 de la noche le parece bien para reunirnos?
Saludos.
El tal Ariño es un tipo muy ocupado, fue lo primero que pensé, el martes 17 a las 7 de la noche es el único hueco que tiene en la semana, así que procuré ir al grano: De acuerdo, le contesté de inmediato, ¿dónde desea que nos reunamos?. A lo que él respondió:
Perfecto Matias. Podemos confirmar nuestra reunion en el transcurso del dia martes al 347-623-XXXX para darle la direccion donde vamos a estar.
Saludos.
El segundo mensaje me desorientó un poco. Me parecía raro que no me citara en su oficina y que no me diera siquiera una referencia. El martes procuré llamarlo algunas horas antes de las 7, no fuera cosa que después tuviera que salir disparado en una ciudad que todavía no era del todo familiar. Hola Ariño, ¿cómo le va? Habla Matías Maciel, el periodista. Habíamos quedado en que lo llam…, y no me dejó terminar: “Sí, Maciel, claro, esta tarde a las 7. ¿Por qué zona le conviene a usted?”.
Me convenía cerca de casa, en Woodside, que si bien es un área bien comunicada, puede que no sea un lugar muy accesible para llegar desde cualquier rincón de la ciudad. Además, no quería abusarme, si en definitiva –creía hasta entonces– era yo el que estaba más interesado en el encuentro. No, está bien, yo puedo acercarme hasta donde está usted, insistí, pero Ariño subió la apuesta: “No, por favor, lloverá toda la tarde, dígame dónde vive y nos vemos en un lugar cerca de su casa”. Me había puesto contra las cuerdas, así que acordamos encontrarnos en Aubergine, el café que está a la vuelta de casa.
Cuando llegué al lugar, minutos antes de las 7, Ariño ya estaba allí. Me hizo una seña desde una mesa poco iluminada, donde lo acompañaba una mujer. Los dos aparentaban cuarenta y largos. Todavía a la distancia, siquiera antes de saludarlos, presentí que nada bueno podía surgir de ese encuentro e imaginé que aquello no duraría más de media hora. “Hola Maciel, le presento a Blanca Carballo, gerente de publicidad del periódico…” –me dijo con acento andino– “también es mi esposa”, añadió.
Sin embargo, Blanca –que era muy parecida a Nelly, el personaje Langer que sale todos los días en Clarín–, parecía mucho más que la responsable comercial, porque enseguida apagó a su marido y tomó las riendas de la conversación para ensayar una venta de las bondades de Extra. No estuvo mal, pero tampoco llegó a entusiasmarme. A mi turno, les hablé de mi experiencia, de mi situación “de recién llegado” a la ciudad y les dije que si llegábamos a un acuerdo podría escribir sobre diferentes temas para su publicación.
“Ah, pero tú quieres que se te pague por tus notas y vivir de tu trabajo…” –me soprendió Blanca, que a diferencia de Ariño sí me tuteaba. Mmmsí…, alcancé a musitar. “Tal vez debimos empezar por ahí”, retó la esposa al esposo, convirtiéndolo en blanco y responsable del malentendido. “Bueno, ocurre que nosotros estamos empezando y necesitamos colaboradores, pero todavía no podemos pagar por los textos”, me explicó. “Sin embargo, si todavía no tienes otro empleo puedes publicar tus artículos en Extra, que sería una gran forma de darte a conocer”, se atrevió a decirme.
Al contrario de lo que podría esperarse, yo no estaba molesto, sino que estaba conmovido por toda la situación y, en mis pensamientos, no podía contener la risa. Sin embargo, todavía no había escuchado lo más absurdamente gracioso: “Se me ocurrió una idea”, sorprendió Ariño, como si no hubiera estado apagado, sino en la función de reposo: “Tenemos un amigo, que es paisano suyo, él es representante de artistas y justo hoy me dijo que buscaba a una persona para que lo ayudase con su trabajo porque se quedó sin su asistente. Si le interesa yo podría presentárselo. Usted podría trabajar con él y, en sus tiempos libres, escribir para nuestro periódico”.
Ajá, muy interesante, mentí, ¿y qué tipo de artistas? –quise saber. “Bueno, él trabaja con muchos artistas internacionales de América latina”, empezó a asustarme. “La semana que viene presentará a Leo Dan en un teatro de Jackson Heights, y creo que para usted sería muy fácil vender entradas a sus compatriotas para ir a ver a un cantante famoso como él. ¿Qué le parece?”.
Como yo no estoy
ni comprometido ni casado, ni nada
y usted no está
ni comprometida ni casada ni nada
por qué no charlarmo’ un ratito, eh
para no sentirnos tan solos, ah.
Como ando también
libre solterito con apuro y sin suerte
y usted también
libre solterita, agraciada y sin nadie
por qué no paseamo’ un poquito, eh
debajo este cielo tan lindo.



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22 respuestas hasta el momento ↓
Matías Maciel // Mayo 17, 2008 a 8:39 pm
Aclaración: es posible que el remate de la historia no surta el efecto deseado entre los lectores no-argentinos.
Gabita39 // Mayo 17, 2008 a 8:42 pm
matías me encanta como contas las cosas, sos tan natural.
y la verdad que me gusta saber cómo se abren camino los argentinos que se van al exterior.
Ramiro // Mayo 17, 2008 a 8:58 pm
Ja, buenísimo Matías, muy bueno. El remate surtió el efecto deseado, en mi caso (que soy argentino). Abrazo.
The Daily DG // Mayo 17, 2008 a 9:17 pm
Jajaja, genial la historia.
Qué bueno que esas épocas de vacas flacas al final queden como buenos recuerdos y grandes anécdotas.
Malen // Mayo 18, 2008 a 5:41 am
JUAAAAAAA!!! Buenísimo!! Me encantó toda la historia y buenísimo el remate! Saludos
laurap // Mayo 18, 2008 a 5:59 am
Buenísima la historia. Yo también aprendí a tomarme con cierto humor esa clase de propuestas.
carax // Mayo 18, 2008 a 10:24 pm
Matias, muy bueno. Me cae muy bien encontrarme con estas vivencias, que, como antes mencionaron, te dan mas naturalidad; y sobre todo tratan cosas que pueden pasarle a uno.
Tania // Mayo 18, 2008 a 10:37 pm
Pues para los no-argentinos podrías grabar un video en el que cantes la canción, lo subes a you tube y nos ilustras acerca de ese final ¿no?
maggie (la de spain) // Mayo 19, 2008 a 3:42 am
queremos video de matías cantando a leo dan!
sí!!!
sí sí!!!!!!
que canteeeee
que canteeeee
que canteee!
Dani F. // Mayo 19, 2008 a 12:55 pm
Mati, no sé si podré perdonarte que no me avisaras que tocaba Leo Dan…
Detu // Mayo 19, 2008 a 2:07 pm
Me encantó. Además, yo también marco con un puntito verde los compromisos laborales en la agenda :)
Nadia // Mayo 19, 2008 a 3:15 pm
Si bien no hace mucho descubrí tu blog, me gusta mucho leerlo y me gusta la forma en que contas tus experiencias vividas en NY. Seguí contándonos como es esa bonita ciudad. Saludos y los mejores deseos de una lectora del barrio del Flores.
venusina // Mayo 19, 2008 a 4:04 pm
Jajajaaaaaaaa, me hiciste reír! Qué buen post. Qué buen remate. Saludos Mati
Paola // Mayo 19, 2008 a 8:33 pm
ah pensé que te pedirían un canon de entrada. Porque hay gente que ofrece empleo pero el empleo se lo terminás dando vos: pagándoles un fee de entrada por ejemplo.
Un amigo que vive allá, muy ilusionado compró una agencia de viajes de internet… no sé qué pagó, pero quien se lo vendió le dijo que hacía por mes $15 lucas… nunca vió un mango.
Te das cuenta enseguida con esta gente: te venden ellos el producto en vez de dejarte vender a vos el tuyo. Cuando empiezan así mejor huir antes de que aflore la nefasta propuesta: “son $300 dólares y luego tendrás 2000 clientes que te aportarán cada uno… “
Pablo // Mayo 19, 2008 a 11:15 pm
Aunque mi profesión es tan distinta a la tuya (soy contador), me siento muy identificado con lo que posteaste, especialmente por vivir ya hace 5 años aquí y haber empezado desde donde empecé y llegar hasta donde llegué.
Me caló profundo tu nota, muchas gracias.
Saludos
Pablo de F. Hills
Carito // Mayo 20, 2008 a 4:14 pm
Mati, excelente el remate, me morí de risa. No importa que no lo entiendan los gringos y solo sea para argentos. Muy bueno como contás todo, me identifique mucho con el relato y las historias similares que me pasaron desde que terminamos TEA!
beso
Carito
PD, mi hermano y su flia también viven en Queens! Pero en Forrest Hills.
MaresdelSur // Mayo 23, 2008 a 2:25 am
che a ver si contas algo de los festejos del puente…
claudino // Mayo 23, 2008 a 11:00 am
Maty, cuando dijiste lo del parecido a “la nelly” de langer, ya me imaginaba como terminaba eso!!! me hizo reír igual que peter capusotto y sus videos.
chango glamour // Mayo 23, 2008 a 12:07 pm
jajaj me la veía venir, pero la mención de “Leo Dan” fue demasiado.
Un tema de Leo (no encontré el del burrito que es realmente pésimo).
Francisco // Mayo 29, 2008 a 10:03 pm
Genial!
Por tu raro silencio, ya debes estar por acá!
continente // Mayo 30, 2008 a 10:36 am
Leo Dan!
Muy linda nota, descenlace inesperado.
Tas de vacaciones?
Matías Maciel // Junio 2, 2008 a 4:25 am
Es cierto, Francisco, fue raro el silencio. Pero no hay demasiada explicación. Todavía no llegué a Buenos Aires, estaré por ahí a partir del 15 de junio.
Continente, tampoco estoy de vacaciones, pero la pausa se pareció bastante a un descanso.
A los demás, gracias por sus comentarios.