Semanas después de que los Simpsons se la agarraran con Perón, la ligó Evita, la otra figura intocable de la simbología peronista. Fue en una columna firmada por el especialista en moda Simon Doonan para el semanario The New York Observer, una publicación de tinte progresista [aunque también algo exclusiva]. A continuación transcribo el párrafo donde aparece mencionada la abanderada de los humildes [la traducción es del periodista José Manuel Simián en su blog Política Pop]:
«Mi actitud poco cooperativa sobre este asunto suele ser recibida con incredulidad: “¿Cómo es posible que a ti, el director creativo de Barneys, no le interese ver a una mujer con estilo en la Casa Blanca?”. La respuesta es más bien simple: Porque no soy retardado. La historia nos ha enseñado que si los líderes comienzan a emperifollarse, mejor tomar distancia: un líder con estilo es invariablemente un déspota. Líder de estado glamoroso = pueblo miserable, opaco y oprimido. Líder de estado opaco = pueblo feliz y glamoroso. ¿No me creen? ¿Qué les dicen los nombres Calígula, Imelda Marcos, Bokassa, Evita Perón y, sí, Aldolf Hitler?»
La afirmación, por supuesto, me parece de lo más absurdo. Sin embargo, me gustaría saber qué va a decir [o proponer] ahora el diputado Lorenzo Pepe cuando se entere. Y también, qué tanto la glamourosa presidente Cristina Fernández.
















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