El tipo me habrá odiado cuando lo apunté con la cámara. Faltaban minutos para las cuatro de la tarde, pero a él le parecía una eternidad. Quería entregar esas flores cuanto antes [en realidad, deshacerse de ellas], ya más pesadas que el banco donde esperaba sentado, más llamativas que la eme de McDonalds. Qué necesidad tenía yo de sacarle una foto, si solo era un tipo enamorado dispuesto a cumplir con la moderna tradición sanvalentinesca. Y yo que no rendía clemencia al ruego de su mirada, a doce o quince metros más allá de mi lente. Los preparativos habían empezado temprano, cuando guardó en una bolsa blanca la muda de ropa que vestiría cuando saliera del trabajo. Ahora eran las cuatro y cinco, pero ella no había llegado. Giraba la cabeza a un lado y a otro con la esperanza de verla acercarse desde lejos y salir en su búsqueda para adelantar el encuentro, pero no había caso. Era ahí, en la avenida Roosevelt y la calle 58, en ese triangulito de Sunnyside que no alcanza a ser plazoleta. Estiró el cuello para confirmar que no le había dicho Roosevelt y 58 cuando en realidad era 57, pero estaba bien, aunque ya se hubieran pasado trece minutos de las cuatro y yo volviera a apuntarlo con mi cámara. Horas más tarde, por supuesto, sería mi turno.




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17 respuestas hasta el momento ↓
Antonio Lobo Mena // Febrero 17, 2008 a 7:16 pm
Excelente
Rosario // Febrero 17, 2008 a 7:48 pm
Excelente, Mati!!!!!!! Me encantó!!!!!!! Si fuera libro subrayaba todo este post!!!!!
Conz // Febrero 17, 2008 a 10:20 pm
ternura
estudiante cronica // Febrero 18, 2008 a 12:21 am
Mi alma! Como a Conz, me da mucha ternura.
emiliano // Febrero 18, 2008 a 9:09 am
Todos hemos caído en esa espera, me dio cierta pena, porque imagino un final triste, con las flores en la basura y el pobre tipo pidiendo un cuarto de libra con papas y gaseosa grande. Y secándose las lágrimas con cada mordisco. Un poco apocalíptico, no? Muy bueno Mati, abrazo.
San // Febrero 18, 2008 a 10:12 am
Gana él. Aún suponiendo que a ella se le escapara el interés, me gusta pensar que SIEMPRE GANA el que más ama. Esas endorfinas corriendo por la sangre como chicos ruidosos alegrándote la vida pese a lo frío del banco.
Mola Mati.
Saludos from Spain.
pinponroma // Febrero 18, 2008 a 10:27 am
NOOOOO! decime por favor que la chica después llegó. Me muero de pena y de intriga!
Muy lindo relato. ;)
PD: Nunca lo había pensado de ese modo, pero es verdad. El que ama SIEMPRE tiene algo que ganar.
La pena es que la mayor parte de las veces (si no somos correspondidos) solo vemos el dolor y no la ganancia.
San // Febrero 18, 2008 a 11:32 am
MORALEJA: Aprende a ver tu botella SIEMPRE medio llena.
Carpe Diem… ; P
estrella // Febrero 18, 2008 a 12:31 pm
Acabo de leer una entrevista en el blogcomprimido. Muy bueno. Todo.
Eugenia // Febrero 18, 2008 a 4:42 pm
Ojalá vea el post!!!
Cipriano // Febrero 18, 2008 a 5:08 pm
¿Siempre gana el que más ama? Yo diría que a veces gana y a veces pierde. Eso sí, cuando gana, gana más. Y cuando pierde, pierde más.
San // Febrero 18, 2008 a 6:14 pm
¿Pierde más? ¿Qué pierde? ¿A alguien que no te quiere? Yo diría que eso es ganar. Todo depende de cómo se mire, pero mientras que tú amaste, tú ganaste.
Rosario // Febrero 18, 2008 a 7:06 pm
Yo no creo que se trate de ganar o perder. Sino que el que ama más es más feliz. Pero cuando sufre, le duele más. Y en definitiva, vale la pena.
De última. Gana felicidad el que siente. Pierde posibilidad de ser feliz el que no.
Conz // Febrero 19, 2008 a 9:02 pm
en algún momento llegó ella?
Matías Maciel // Febrero 20, 2008 a 2:13 am
Muchas gracias por todos los comentarios. Quién gana, quién pierde, no tengo respuestas.
Y tampoco sabremos si ella llegó.
Lo // Febrero 20, 2008 a 10:30 am
Qué lindo relato Mati, me encantó.
A poet…
malena // Febrero 20, 2008 a 10:15 pm
Jaja, qué bueno. Siempre quise inmortalizar en una imagen a un hombre llevando flores. A veces, ellos, tan inexpresivos, pero las flores coloridas llamativas son evidencia de que sienten, de que mueren, es como ir desnudos.