El año pasado, recién llegado a Nueva York y sin trabajo, publiqué un aviso en Craigslist para ofrecer clases de español. El primer mensaje que recibí fue de MC, una veinteañera muy bonita de Nueva Jersey [al otro lado del Hudson] que acababa de casarse y mudarse con su marido a Park Slope, en Brooklyn.
Me gustaría conocer y practicar mi español contigo. La cosa es que soy profesora de español y no hablo muy bien!! ¿Cómo es eso? Te explicaré cuando encontramos, pero es la verdad. Tengo licenciatura en la lengua, y leo y escribo bastante bien, pero quisiera hablar con más fluencia y no quiero practicar (claro) con mis estudiantes, porque es yo quien soy la profesora, ¿sabes?
Lo primero que supe, entonces, es que MC sabía despertar interés, crear suspenso. Al menos conmigo, lo había conseguido en pocas líneas –y en un idioma que no era el propio. Días más tarde, cuando nos encontramos en un Starbucks de Broadway [uno muy cerca de Chinatown, entre Grand y Broome, creo], MC siguió con el desarrollo de su historia, que en esencia no era gran cosa, pero sí la gracia con la que enriquecía el relato.












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