Fue fácil y rápida, la mudanza, como preveíamos. Hasta podría decirse que la hicimos solos, si no fuera porque Neil –amigo y ex-vecino– me dio una mano con unas cajas muy pesadas antes de su partida. Por lo demás, ni siquiera tuvimos que vaciar muebles, fue solo cuestión de empujarlos unos cuantos metros de un departamento al otro, del 42 al 41. Empezamos el viernes a eso de las 7 y media de la tarde y terminamos antes de las 11 de la noche.
El sábado por la mañana, previo acuerdo sobre la división del trabajo, empezamos con la última etapa, la de instalación y organización los muebles y espacios. Disfruté tanto de la parte que tocó que mientras lo hacía sentí que le había hecho trampa a Fer. Mi tarea era armar una cama y dos bibliotecas que compramos hace poco más un de mes en IKEA, una cadena sueca donde se vende todo-todo lo necesario para equipar una casa.



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