entretanto [ny]

A Pepe con cariño

Diciembre 23, 2009 · 11 comentarios

Aunque con el tiempo nos hicimos amigos, para mí, Pepe Avigliani nunca dejó de ser mi maestro de periodismo. Se convirtió, desde que lo conocí, a principios de 1997, en una especie de voz de mi conciencia siempre que ejerzo como periodista. Por eso me cayó como un mazazo el mensaje de correo que recibí un mediodía de marzo de 2008.

Desde Buenos Aires, Emiliano Pinsón me reenviaba un intercambio que había tenido con nuestro amigo en común. “Hace casi cuatro años que contraje una enfermedad bastante perversa. Es tan jodida que su modo de avanzar consiste en quitarte fuerzas musculares de a poco. ¿Más claro? Es la enfermedad que mató al Negro Fontanarrosa”, decía Pepe en su mensaje.

Leí aquel correo en una escuela de El Bronx, donde acababa de hacer una entrevista. Desconsolado, apenas conseguí contener las lágrimas hasta que salí a la calle. Enseguida llamé a Fer, para hablarle de Pepe, a quien nunca tuve oportunidad de presentarle. Le hablé de la primera clase que tuve con él, de mis primeras notas, de sus primeras correcciones.

Le comenté también acerca de su pasión por el periodismo, por Boca, por Buenos Aires, por los amigos, por la buena mesa. De su forma de dar clases, de sus puteadas, de su respeto por los estudiantes, de su responsabilidad, de su vocación por formar periodistas. De su amor por Mora, su hija.

Además le hablé de su forma de hablar, de su alma noble, de su sentido del humor, de su curiosidad intelectual, de su saber callejero. Le conté, también, que lo había elegido para que me diera el diploma de periodista de TEA.

Sentí muchas ganas de ver a Pepe y a la vez tenía miedo de que ya no tuviéramos oportunidad de volver a encontrarnos. Al poco tiempo descubrí que había estrenado su blog, que –con la ayuda de una asistente– escribía bajo el seudónimo de Lord Wigan y comencé a seguirlo en silencio, como si así pudiera engañar a la muerte y llegar antes que ella a Buenos Aires para darle un abrazo.

Pasaron cuatro meses hasta que por fin me senté a escribirle, desde una de las salas donde once años antes tipeaba en viejas Olivetti. Le decía que estaba al tanto de esa puta enfermedad y para mí sería un gran gusto encontrarme con él antes de pegar la vuelta a Nueva York, a fines de aquel mes.

Recibí su respuesta apenas dos días después. Se disculpaba por esa demora y me explicaba que no me había respondido antes porque ya no podía hacerlo sin ayuda. Y seguía: “Bien, tu carta me emocionó mucho y me dieron muchas ganas de verte, muchas. Sólo, aunque te parezca una boludez, te advierto que a la vista ya no soy el mismo. Eso sí, la cabeza funciona igual que en el 97 o mejor, eso creo”.

Días más tarde visité a Pepe en su casa, en Almagro. Habíamos quedado para las cuatro y media de la tarde, cuando él terminaba con sus actividades laborales, que se resistía a abandonar aunque el deterioro del cuerpo se lo hiciera cada día más cuesta arriba. Hablamos un buen rato, de mi vida en Nueva York, de fútbol, de política, de periodismo.

También nos divertimos con algunas historias compartidas. Me resultaba asombroso y conmovedor verlo reírse, con tantas ganas, como burlándose de las mangueras de oxígeno enchufadas a sus fosas nasales y que le llegaban desde unos tubos que colgaban de su silla como una pesada mochila.

Por supuesto, tenía intención de repetir el encuentro durante el viaje que hice hace algunas semanas a Buenos Aires. Sin embargo, esta vez nos ganó la muerte, que llegó el 31 de octubre y me privó de volver a escuchar la risa de Pepe. Hoy, 23 de diciembre, cuando José Luis Avigliani habría cumplido 50 años, quise escribir este texto para rendirle homenaje.

→ 11 comentariosCategorías: Personal

Entrevista de trabajo

Octubre 7, 2009 · 32 comentarios

En una cosa ella tenía razón: que yo le había hecho perder tiempo. Lo admito, estaba en lo cierto. Pero ella no había sido mucho más considerada conmigo. Recién en medio de la entrevista me dijo que no solo debía hacerme cargo de los impuestos sino además que se trataba de una posición temporal, sin beneficios y que el salario mensual podía ser incluso menor de lo que me había dicho por teléfono.

El puesto a cubrir era el de “editor de noticias” de un conocido portal de noticias en español y –aunque ellos lo denominaban freelance– el candidato debía estar dispuesto a cumplir 40 horas semanales [8 de ellas durante el fin de semana], a trabajar desde su casa [y supongo que por eso hacerse cargo de los gastos de electricidad y conexión a internet, aunque el hecho de no tener que ir a una oficina era lo más atractivo] y a no colaborar en simultáneo para medios de la competencia directa. Fuera de eso, por supuesto, el elegido podía hacer lo que se le cantara [sí, un lujo].

Yo sabía que no prosperaría la propuesta. Lo supe cuando me dijo por teléfono de cuánto era el salario, pero igual decidí ir a la entrevista. Tenía la remota ilusión de que se hubiera confundido y no se tratara de una suma mensual sino quincenal o de que hubiera margen para negociar. No podía creer que pagaran lo que apenas me alcanzaría para pagar el alquiler del departamento [en Woodside, Queens] y la factura del triple play [cable, internet y teléfono].

Tan seguro estaba de que no aceptaría que hasta coqueteé con la descalificación como candidato: envié la prueba media hora más tarde de lo acordado y llegué a la cita con quince minutos de demora. Incluso dije media mentira para justificar mi retraso. Dije que me habían robado la funda y el casco de la moto esa mañana. Lo de la funda era cierto, pero no alcanzaba para excusarme así que dije que también se habían llevado el casco.

Me recibió Carina. No, mejor digamos que se llamaba Karina, con ka, como su nombre verdadero, que también podría ir con ce pero que se escribe con ka. Karina, entonces, que es colombiana, restó importancia a la tardanza y fuimos juntos hasta una sala de reuniones, donde había una mesa larga. Ni bien entramos me dijo que conocía a un amigo mío, argentino, también periodista en NY.

Fingí que no lo sabía, pero resulta que yo también la había googleado a ella. Ah, qué bien, respondí. Estuvimos juntos hace poco, en una cena de despedida de una amiga [también argentina, también periodista] que se volvió a Buenos Aires, dije con la intención de mantener el rumbo de la conversación que ella había propuesto. “Sí, a ella también la conozco. Y no me cae bien”, disparó indiscreta.

Como si no bastara, se atrevió a imitar a esta amiga con acento porteño, como si fuera a resultar gracioso. Antes de los tres minutos, Karina  ya era favorita para convertirse en la abanderada del mal gusto en una entrevista de trabajo, lo que se supone una reunión formal.

Después de eso, hizo un recorrido por mi cv, me hizo algunas preguntas y luego pasó a hablarme del puesto a cubrir. Pensé que comenzaría por las tareas a cumplir o por los criterios de selección de contenidos, pero de pronto estábamos hablando del salario. Que era lo que me había dicho por teléfono y me confirmaba que era yo quien tenía que pagar los impuestos correspondientes. En suma, un esquema abusivo en un trabajo que –por la calidad de los contenidos– no le encontraba más incentivo que el de ganar dinero.

Le respondí que no trabajaría por lo que ofrecían y ahí fue cuando me dijo que le había hecho perder el tiempo, que habría sido mejor que se lo dijera antes. Bueno, quería escuchar en persona la propuesta. Soy periodista, curioso, y en definitiva me sirve para conocer la situación del mercado, contesté. Es posible que ahora quiera escribir algo al respecto, añadí, y su cara se transformó. Le preocupaba lo que yo pudiera escribir: Espero que seas objetivo y claro, dijo casi como un ruego.

Para entonces, la tensión se había adueñado del ambiente y ya no desaparecería. Los dos o tres minutos siguientes fueron un yo te dije y vos me dijiste sin sentido, hasta que Karina hizo su último intento: Deberías pensar que ahora se trata de una posición temporal, pero que en el futuro puede ser otra cosa más interesante. Me sorprendió mucho que pensara que podía interesarme esa eventual oportunidad: ¿Pero vos pensás que a mí me importa trabajar acá [en este lugar tan berreta, pensé pero no dije]?

Me contestó que ya no tenía sentido seguir hablando. Coincidí, y me acompañó hasta la puerta. Good bye, dijo ella. Adiós, le respondí. Ya en el ascensor, empecé a pensar en este texto y el propósito de ser “objetivo y claro”, a pedido de Karina.

→ 32 comentariosCategorías: Nueva York · Periodismo · Personal

Recuerdos de 1983

Abril 1, 2009 · 16 comentarios

Por Mauro Maciel*

“Listo, ya lo tenemos”. Yo tenía 5 años y acababa de pasar la prueba de selección de actores (entonces el término casting era desconocido) para el acto escolar. La sentencia era de la señorita Graciela de primer grado B, tal vez, la autora del guión.

Recuerdo la sesión de maquillaje a la que me sometió mi vieja, cuando me pintó el bigote con un corcho quemado en la hornalla de la cocina. Recuerdo la previa entre bambalinas: estaban Sebastián, que hizo de Ítalo Luder; Pablo, que fue Oscar Alende; y Leandro, que se entalcó la cabeza para representar a Bernardo Neustadt.

Recuerdo que entre las pocas líneas que pronuncié, repetía la palabra democracia, sin saber su significado. Recuerdo que el papel exigía a mi personaje permanecer con las manos agarradas, en alusión al recordado gesto que patentó en su campaña.

Y también recuerdo que sobre el final alguien le preguntaba al doctor (que era yo) por qué no separaba las manos, cuya respuesta, a modo de remate, era que se le habían pegado con dulce de leche.

Recuerdo muy poco lo que pasó en el año 1983, pero por suerte algo recuerdo. No sabía nada del pasado inmediato. Mi fuente de información directa (e involuntaria) eran las pintadas en las paredes, donde ponía en práctica mi aprendizaje de lectura, algo que recién empezaba.

También recuerdo que mi viejo estaba muy entusiasmado y que participaba en la campaña del candidato radical para la intendencia de Morón, el gordo García Silva. Y la noche que llegó a casa, muy transpirado y en evidente estado de éxtasis, del acto en el Obelisco.

Recuerdo la tarde del 30 de octubre frente a un televisor en el que los cuatro o cinco canales de aire transmitían lo que pasaba en diferentes puntos del país. Y recuerdo que escuchaba hablar del cuarto oscuro, boletas, urnas, mesas. Después nos fuimos a dormir con una radio encendida, por la que todavía se anunciaban números y resultados.

Recuerdo que aquel año elegimos a un presidente llamado Raúl Alfonsín.

* Periodista, hermano del autor del blog.

→ 16 comentariosCategorías: Argentina · Autores invitados · Política

La voz

Marzo 29, 2009 · 12 comentarios

En las próximas versiones de mi curriculum me veré siempre tentado de incluir –al final de todo– una nueva sección, la de misceláneas. Y en primer lugar diría: “Ha puesto su voz a figuras públicas de relevancia internacional no hablantes del idioma español, como Barack Obama, George W. Bush, David Paterson y Michael Bloomberg, entre otros”.

→ 12 comentariosCategorías: Periodismo · Personal

Gata Flora [09]

Marzo 16, 2009 · 7 comentarios

tapa09homeEsta vez se hizo un poco larga la espera, pero el nuevo número de la revista Gata Flora ya está en las calles. En su novena edición [marzo-mayo, 120 páginas], dedica su portada a la [actriz y] cineasta Sofia Coppola [Las vírgenes suicidas, Lost in translation, Maria Antonieta]. A continuación, el texto completo que escribí para la ocasión. Para quien lo prefiera, la versión en pdf.

Cenas machas

Uno o dos viernes al mes, un grupo de argentinos varones –en promedio treintañeros– nos juntamos a cenar en Manhattan. La cita es a eso de las ocho de la noche, en un restaurante vietnamita en el corazón de Chinatown, el Nha Trang, en el 87 de la calle Baxter. Dentro del grupo –formado hace unos tres o cuatro años– hay al menos media docena de arquitectos, un par de diseñadores gráficos, un escenógrafo, un economista y dos sociólogos. Además de ser la más reciente incorporación, creo ser uno de los últimos en haber llegado a Nueva York.

Debo admitirlo, colegas cenadores (así, con c de cenar), dudé un poco cuando fui invitado por el más veterano de los sociólogos. Es que me había dicho que era “un grupo de argentinos, la mayoría arquitectos”. Y figúrense. Uno –que es tan malpensado– no podía imaginar otra cosa que una peña de autoexiliados nostálgicos, con camisas cuadrillé, pantalones pinzados en la gama del beige, botitas de gamuza, marcadores de punta microfina asomados desde el bolsillo frontal de la camisa y una cinta métrica metálica sujeta al cinturón, de esas que tienen un botoncito para auto-enroscarse y volver a la posición original.

Pero también me había dicho, es cierto, que los arquitectos –que esos arquitectos– eran un “cago de risa”, así que fui. Y no resultaron ser la especie de compatriotas que uno preferiría evitar a la distancia, de los que ya hablaremos, pero en otra ocasión. Ni unos nostálgicos de la yerba mate y el dulce de leche. A decir verdad, es improbable que alguien pueda extrañar el mate o los alfajores a esta altura de la historia y en Nueva York, donde hasta el más haragán y distraído consigue dulce de batata, amargo serrano o blancaflor para hacerse tortafritas, haciéndose apenas una escapada a Queens, lo que no debería tomarle mucho más de una hora en subte desde el punto más distante de la ciudad. Seguir leyendo →

→ 7 comentariosCategorías: Gata Flora · Nueva York · Personajes · Personal

Tangos chilangos

Marzo 14, 2009 · 5 comentarios

Ayer recibí un mensaje de Pablo Toledo, un amigo escritor, por el que me ofrecía un libro suyo, gratis. Se titula “Tangos chilangos” y es una novela que escribió hace un tiempo y que tenía guardada en algún disco rígido, pero ahora se decidió a publicarla en internet. Me parece un buen regalo de su parte, que aprovecho para ofrecérselo a ustedes.

Desde ayer, entonces, Pablo publicará cada viernes una entrega de 5 a 10 páginas ["como para no abusar de la paciencia de nadie"] que cualquiera puede leer en pantalla, descargarlo en formato PDF o incluso imprimir.

La novela está tan a mano de cualquiera que Pablo no da demasiados detalles, solo avisa que en sus páginas “hay hijos de exiliados, México DF, argentinos chantas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, angustias varias, parrillas for export, mails, un poco de todo“.

Para más datos, Pablo es periodista y ya tiene publicados varios cuentos y una novela, “Se esconde tras los ojos”, por la que ganó el Premio Clarín/Aguilar [2000]. El año pasado le hice una entrevista a propósito de su fanatismo por Harry Potter, algo que muchos lectores de Entretanto dijeron haber disfrutado. Ya me dirán qué les parece el libro.

→ 5 comentariosCategorías: Libros · Recomendaciones

Una de Moria y Susana

Marzo 12, 2009 · 32 comentarios

En el juego de las equivalencias entre famosos, hay un rubro en el que perdemos por escándalo. En el casillero asignado a “la diva de la televisión”, los argentinos la tenemos a Susana Giménez, cuando en Estados Unidos el  lugar está consagrado a Oprah Winfrey, una negra de 55 años –actriz, conductora y filántropa– nacida en un hogar de Mississippi.

Las dos son famosas, millonarias y –cada una en su área de incumbencia– dueñas de horarios centrales de la grilla televisiva. Pero mientras Oprah es una mujer sensible y comprometida en las luchas a favor de las minorías [y que no dudó un instante en abrazarse a un proyecto político como el de Obama, con fondos, palabras y hasta su presencia en actos de campaña], la tarada de Susana reclama la pena de muerte.

Aunque en realidad no tanto porque es “católica”, dijo más tarde, “pero el que mata tiene que morir”. Como si fuera poco, enseguida la siguieron otros descerebrados, como Moria Casán, Sandro y Cacho Castaña. Hasta el Flaco Spinetta salió a decir que a algunos hay que pegarles un tiro en la cabeza. Ayer, Tinelli dijo que si le mataran a un ser querido también diría lo que dijo Susana.

Paremos la pelota, porque no todos pensamos lo mismo. Por suerte son muy pocos los que salen con una escopeta en busca de venganza, como dijo que haría la bestia de Castaña si mataran a su mujer y a sus hijos. Tenemos el caso de las decenas de miles de familiares de desaparecidos que no salieron a hacer justicia por mano propia ni piden por la pena de muerte. El ejemplo cansa por lo repetido, pero es válido.

Moria Casán –que debe ser la más tarada de todas porque se cree inteligente– opinó que “la pena de muerte sería muy liviana porque te los sacás de encima muy fácil [en tanto que] estando presos los mantenemos nosotros”. Una idiotez semejante que los medios argentinos pasan una y otra vez por alto.

Hace apenas unas semanas el gobernador del estado de Nuevo México comenzó a considerar la abolición de la pena de muerte con el argumento de reducir costos en tiempos de crisis. Es que diferencia de lo que la mayoría cree, el proceso judicial de llevar a un condenado a la muerte es lento, largo y mucho más costoso que mantenerlo vivo hasta el final de sus días por causas naturales.

En Colorado, Kansas, Nebraska, New Hampshire, Maryland y Montana se hacen los mismos planteos.

No sería el argumento que yo elegiría para oponerme a la pena de muerte, pero al menos sirve para taparle la boca a la ignorante de Moria Casán que cree que habla inglés porque le llama kínder al jardín de infantes.

Todo esto porque ayer me llegó una “invitación” para ir a la marcha del miércoles 18 “en apoyo de Susana Giménez y por la seguridad”, según el encabezado, que viene acompañado de una banderita argentina. “En apoyo de Susana Giménez y de todos nuestros artistas que salieron a dar la cara y decir la verdad”, dice más abajo el texto, firmado por un tal DiPablo.

No me opongo al reclamo, por el contrario, celebro la participación. La seguridad es un derecho –al igual que la alimentación, la vivienda, la educación–, pero no es cuestión de caer en la pavada. Y además, porque hay mejores formas [¡y más baratas!] para terminar con el delito y la inseguridad.

→ 32 comentariosCategorías: Argentina · Política

Gastón, el artista

Febrero 27, 2009 · 24 comentarios

Sería 1984, así que tendríamos ocho o nueve años. Una mañana tibia y soleada, durante el recreo largo de las 10 y 35, me encontré a Gastón sentado en el piso, en el centro del patio grande y abierto, que fuera del horario de clases servía como cancha de fútbol 6. Más que sentado parecía entre echado y despatarrado. Con una mano y la ayuda de una de sus piernas sostenía una madera del tamaño de un cuaderno donde había dibujado un Clemente y con la otra mano sostenía una lupa que según la orientaba dirigía los rayos del sol sobre el contorno de la criatura de Caloi, tan popular desde el Mundial ‘82.

Además de lo novedosa que me parecía la técnica, quedé absorto por el pulso y la destreza con que Gastón conseguía un Clemente perfecto. Como si fuera poco, era posible que él mismo hubiera hecho el dibujo sobre la madera, porque creo que ya había escuchado que en el A –yo era del C– había un pibito que dibujaba como los dioses. Seguro que sentí envidia, lisa y llana, como solo puede sentir envidia un chico a esa edad. Era una época en la que a mí me gustaba mucho dibujar y pensaba que no lo hacía nada mal, pero cuando empecé a ver de lo que era capaz Gastón, asumí que lo mío era poco más que mamarrachos.

Nunca fuimos amigos con Gastón. Tuvimos siempre buena relación y algunos amigos en común. Seguro que muchas veces jugamos juntos al fútbol. Pero nada más. Es posible que el último día de clases en el secundario, o el día del acto de graduación, ni siquiera nos hayamos saludado o despedido. Ahora recuerdo que tengo fotos a solas con muchos compañeros de entonces, pero me parece que no con Gastón, a quien no volví a ver desde fines de 1993. Hasta anteayer.

Hace una semana nos reencontramos a través de Facebook. Le escribí un mensaje cuando supe que vivía en Atlanta y le dije que me avisara si por casualidad venía a Nueva York. Me respondió casi de inmediato. “Mirá vos… justo me estoy yendo a NY, a una exposición de arte donde voy a exhibir parte de mi trabajo”. Y arreglamos para vernos. No tenía idea de su vida. No sabía que era arquitecto ni que vivía en Estados Unidos desde hace siete años. Mucho menos que había empezado a pintar –si es que alguna vez dejó de hacerlo.

El martes tenía su día libre, así que nos encontramos para un café y una caminata de más de tres horas por Manhattan. El día era frío, pero estaba soleado como aquella mañana cuando dirigía los rayos del sol contra Clemente.

Untruth III

Entre este sábado y el lunes, Gastón Carrió tendrá expuestas 14 de sus pinturas en la International ArtExpo, en el Javits Center. Las entradas salen 30 dólares, pero yo tengo gratis, así que a los lectores en Nueva York con ganas de darse una vuelta, no tienen más que escribirme [y se las envío por correo-e]. Yo voy a ir el sábado a la tarde. Para ver más de sus pinturas, clic acá.

→ 24 comentariosCategorías: Nueva York · Personal · Recomendaciones

Navidad en Manhattan

Diciembre 25, 2008 · 21 comentarios

Por tercera vez consecutiva, Navidad en Nueva York. La nevada de hace unos días alimentaba la ilusión ilusión– de una Navidad blanca, pero ayer a la tarde, una lluvia finita, molesta, de a ratos invisible, aguó la poca nieve que quedaba. Un rato antes de la hora de la cena de Nochebuena, fuimos con Fer a caminar por Manhattan, a mezclarnos entre los turistas y vivir de cerca el famoso clima navideño neoyorquino. Tomé algunas imágenes, le puse musiquita de ocasión y quedó lo que está a continuación.

→ 21 comentariosCategorías: Nueva York · Por la ciudad · Videos

Obama y el perro peruano

Diciembre 6, 2008 · 18 comentarios

cover_newyorker_190Entre las promesas que Obama hizo durante la campaña, hubo una de índole doméstica. Les aseguró a sus hijas, Malia [10] y Sasha [7], que de llegar a la Casa Blanca les regalaría un cachorro como nueva mascota. Una vez electo, el propio Obama dijo que la elección del perro era un tema de debate familiar, que la mayor de sus hijas es alérgica y por eso el pichicho debería ser hipoalergénico. La tapa de la revista The New Yorker de esta semana hace referencia al tema. Muestra a Obama en pose de selección de personal y a una fila de perros que espera su turno en la puerta de una sala en la Casa Blanca.

Sin perder tiempo, una organización peruana se ofreció a regalar a la familia Obama el famoso perro sin pelo, una raza insigne del Perú. Hace algunos meses, cuando estuve en Lima, tuve oportunidad de conocer a ese tipo de perro. No creo que se trate de la raza más fea, pero no debe andar muy lejos de eso. El periodista peruano Daniel Titinger escribió en su libro “Dios es peruano” [y aprovecho para recomendarlo] que el perro sin pelo del Perú era hasta hace unos años “una mascota para pobres, un animal sin pedigrí, un mutante en extinción”. Y que solo después de que México inscribiera su propia versión de perro sin pelo [el Xoloitzcuintle] en una organización canina internacional, los peruanos se volvieron fanáticos del pobre perro de piel caliente y aceitosa. E hipoalergénica, por cierto.

perro-peruano

→ 18 comentariosCategorías: Apuntes · Fotos · Perú · Viajes

Crisis and the city | Brando [38]

Diciembre 4, 2008 · 5 comentarios

Escribí para la revista Brando, en su edición de diciembre, un texto sobre la crisis financiera según la óptica de las mujeres de los argentinos que trabajan en Wall Street. O, mejor, su costado doméstico. A continuación, los primeros párrafos. Y con un clic en la imagen de abajo, la versión completa en pdf.

Ya pasó un buen rato desde el mediodía de este jueves, el último de octubre, pero Victoria trabajó toda la mañana –es freelancer, digamos que de especialidad creativa– y se pasó de largo la hora del almuerzo, así que llega famélica a nuestra cita en el West Village neoyorquino. Estamos en Tartine, un bistró que Zagat –esa biblia de los restaurantes– describe como tiny y adorably simple. Repasa la carta y ordena Bouchée a la reine. Cuando termine pediremos dos cafés latte y compartiremos una minitarta de frutos rojos.

En realidad, Victoria, que ronda los 30 años, no se llama Victoria, pero le aseguré –como al resto de las entrevistadas para esta nota– que no escribiría su nombre ni daría señas particulares a cambio de este encuentro para hablar de la crisis financiera desde un ángulo poco ortodoxo, a través del testimonio de las mujeres de los argentinos que trabajan en Wall Street.

Igual que el día anterior, cuando la llamé para pedirle la entrevista, Victoria me asegura que no sabe nada del mundo de las finanzas y que se enteró de la crisis en un asado con otros argentinos, en los Hamptons, durante el fin de semana que se intentaba evitar la quiebra de Lehman Brothers, por entonces el cuarto banco de inversión de Estados Unidos. Dice que recién ahí se puso en alerta: “Patricio [su marido, que tampoco se llama Patricio] estaba de viaje, así que cuando llegué a casa lo llamé por teléfono y le pregunté qué pasaba. ¿Y vos qué onda?”, me cuenta que le planteó.

Patricio la tranquilizó un poco; le dijo que los bancos europeos como el suyo eran menos inestables que los estadounidenses y por lo tanto se encontraban en una posición menos vulnerable a la crisis. “Me dijo que todavía no había planes de despedir a nadie, pero igual empecé a seguir un poco más de cerca lo que pasaba, a preguntarle como van las cosas.” Una de las respuestas le quedó grabada: “Este año laburé gratis, con suerte, el bono de este año será la mitad del de 2007″.

Aprovecho entonces para preguntarle si la noticia cambió sus hábitos de consumo. Me responde que no, porque en realidad no tienen grandes gastos: “Pagamos una hipoteca por el departamento de dos ambientes donde vivimos, en Greenwich Village, pero la cuota nos sale lo mismo que el alquiler donde estábamos antes. Fuera de eso, yo yasto en ropa y música, Patricio en comida tipo gourmet y buenos vinos. Los mayores gastos son en vacaciones, las últimas veces viajamos a Asia”.

brandolayout

→ 5 comentariosCategorías: Nueva York · Reportajes · Revistas

Jueves y viernes

Diciembre 3, 2008 · 8 comentarios

Es raro que, entre tanta costumbre o estilo de vida importado de Estados Unidos, no se haya adoptado Thanksgiving. Y más todavía con el número creciente de los que festejan Halloween o San Valentín, a mi gusto, celebraciones bastante más pavas que –traducido al español– el Día de Acción de Gracias. La semana pasada tuve mi tercera cena de Thanksgiving y diría que ya le gana en preferencia a cualquier otra festividad del estilo, como Pascua, Navidad o Año Nuevo, más allá de los significados religiosos de cada cual.

Como vimos en decenas de películas, millones de gringos se cruzan todo el país para reunirse con sus familiares y compartir una cena que siempre caerá un día jueves, el cuarto del mes de noviembre. Lo mejor de todo es que después de eso se terminó la celebración. Algunos seguirán en familia [por lo general, comiendo hasta el domingo] y otros lo aprovecharán para descansar o hacer alguna escapada turística. Con Fer, por ejemplo, el jueves cenamos con amigos y el viernes nos fuimos a Boston, hasta el domingo.

El lado amargo de Thanksgiving es justo al otro día de la cena y se lo conoce como Black Friday ["viernes negro"]. Los comerciantes hacen ese día sus mayores ofertas y se dice que las ventas los ayudan a revertir a negro los números rojos. Entonces, otros millones –o parte de los mismos que se cruzaron el país para celebrar Thanksgiving en familia– salen a la caza de los más grandes descuentos: muchísimos no duermen, hacen colas interminables y embisten salvajes cuando se abren las puertas de las tiendas, excepcionalmente casi de madrugada.

El viernes pasado, un empleado de Wal-Mart, en Long Island, murió aplastado a pisotones por una turba de consumidores sin control cuando abrieron las puertas de la tienda. A través de este enlace, una buena selección de fotos de The New York Times del último viernes negro en Nueva York.

→ 8 comentariosCategorías: Estados Unidos · Sociedad

El parque central

Noviembre 29, 2008 · 6 comentarios

A unos días de empezar a escribir un nuevo texto para Gata Flora, copio completo el que salió en el número ocho de la revista, que todavía pueden encontrar en las calles. Para quien lo prefiera, la versión en pdf.

El verano en Nueva York, por lo general, se despide mansito. Mansito, y no mancito, la simpática forma de un colega colombiano para referirse a un man chiquito. El calor te aplasta durante casi todo agosto, pero llega septiembre y listo: resulta que un día tenés que empezar a abrigarte un poco. “Medias y saquito”, dice un amigo, es la primera señal de que el verano se está terminando. Me preocupa muy poco. No me gusta el calor neoyorquino, húmedo y pegasoso, igualito al que algunos disfrutan y otros padecemos en Buenos Aires.

El último domingo de la temporada, habíamos planeado quedarnos en casa. Tenía que escribir lo que esta vez tendrá poco de crónica y daban Boca-Independiente, un partido que podía ver por la tele en directo. Hasta que llegó el mediodía. Afuera había un solazo y la temperatura alcanzaba los 32ºC –rarísimo para esta época del año–, con una sensación térmica de 37. Sensación térmica, ese índice fetiche de los argentinos que acá se lo conoce como RealFeel®, así, con esa erre envueltita que significa que alguien dice ser su dueño.

Sentí entonces algo de nostalgia anticipada, porque entre Buenos Aires y Lima ya le había robado unas cuantas semanas al verano de este año y temí arrepentirme dentro de unos meses, en medio de un invierno que nunca da tregua. Nos preparamos unos sándwiches y nos fuimos al Central Park. Combinación mediante, el subte que tomamos en la esquina de casa nos escupe en el vértice sudeste de ese inmenso parche verde en el centro de Manhattan. Justito en el vértice donde coincidían cuatro argentinas: dos veinteañeras, su madre y una tía, presumo.

Era fácil identificar su procedencia. No por el ese seudo instinto del que nos algunos jactamos en el exterior para identificar compatriotas, sino por el sello que una las más jóvenes lucía en sus nalgas: la mitad de las argentinas menores de 35 que vienen a de vacaciones a Nueva York llegan con el logo de la marca Rapsodia estampado en los bolsillos traseros de sus pantalones. Una especie de franqueo de migraciones para salir de Ezeiza. Hace más de una década serían los jeans bien ajustados, pero en los últimos años la mariposa bordada de Rapsodia se convirtió en el distintivo.

No puedo evitarlo. Cuando veo a dos o más argentinos fuera de Argentina me tienta mucho acercarme a ellos, de incógnito, para escuchar qué dicen, de qué hablan. En especial si se son turistas, no tanto si se trata de residentes. “¿Esto es el Central Park…? No me parece gran cosa”, se apuró a decir la que parecía mayor de las dos jóvenes, todavía sin haberse internado siquiera un metro dentro del parque. Todo lo que podía ver, desde ahí, era la verdosa espesura.

Entre las cosas que Buenos Aires podría permitirse envidiar y debería copiar de Nueva York son sus parques, con el Central Park a la cabeza. En el mismísimo epicentro de la economía mundial y uno de los mercados inmobiliarios más cotizados, nadie cuestiona que un rectángulo de 800 metros de ancho por 4 mil de largo esté destinado de manera exclusiva al uso público. Hace ya tres años, una consultora en bienes raíces estimó el valor inmobiliario del parque en cerca de 530 mil millones de dólares. Resulta impensable poner a la venta un solo milímetro cuadrado de esas 341 hectáreas.

Seguir leyendo →

→ 6 comentariosCategorías: Crónicas · Gata Flora · Nueva York · Personal · Por la ciudad

Algunos roces

Noviembre 27, 2008 · 7 comentarios

Hace 59 días escribía que solo podía contar la crisis por lo que leía en los diarios. Ni siquiera me roza, decía. En lo personal, todavía puedo decir que las cosas no cambiaron, pero sí que debería prepararme para sufrir algunos raspones.

 

Por ejemplo, por el aumento del subte. Sus operadores salieron a decir la semana pasada que necesitarían aumentar los pasajes un 23 por ciento para cubrir un agujero monumental en su presupuesto del año que viene. El abono mensual e ilimitado que ahora pago 81 dólares, pasaría entonces a costarme 100 a partir de junio. El pasaje para un viaje sale ahora 2 dólares, aumentaría a casi 2,50. 

 

Otro con problemas presupuestarios es el gobernador del estado de Nueva York, que ya se puso en la cola de los que piden plata al gobierno federal. Antes y después de eso hizo recortes por casi todas las áreas a su cargo, así que mi mujer, Fer, que estudia y trabaja en una universidad del estado sintió de cerca el filoso frío de alguno de sus tijeretazos.

 

Por no ser tan rentables, los medios en español son blancos cantadísimos. Algunas publicaciones prescinden de sus colaboradores, otras postergan sus salidas y están también las que se despiden de manera definitiva, como Sports Illustrated Latino, que ya no se editará a partir de 2009.

 

Sin embargo, por ahora, lo que más me jorobó, antes que con el bolsillo tiene que ver con lo afectivo. Una amiga me contó el sábado que cerraron mi cafecito preferido, el 17 Bleecker, en el NoHo, con el que me encariñé durante el año I de nuestra llegada a Nueva York. Tenía muy poco de especial o distintivo, pero me gustaba, por ejemplo, que sirvieran el café en chops, esas clásicas jarritas de vidrio para tomar cerveza. Quiero creer, ahora, que se trataba de un privilegio para sus más habitués.

→ 7 comentariosCategorías: Apuntes · Política · Vida cotidiana

Las elecciones desde Queens [TP]

Noviembre 4, 2008 · 8 comentarios

Me invitaron a escribir para el [muy buen] blog Los trabajos prácticos, desde donde hoy hacen una interesante cobertura de las elecciones. A continuación, los dos primeros párrafos de lo que escribí.

Me desconozco. Acostumbrado a ser optimista, debería –y desearía– estar casi fascinado, ansioso por ir a cualquiera de las decenas de fiestas que habrá esta noche por toda la ciudad para celebrar la victoria de Obama. Me levanté temprano, leí todos los diarios y tengo la tele encendida. Ahora, ya un poco aburrido, busco sin demasiada esperanza al Artemio López gringo, para que me diga en su blog qué dicen las encuestas a boca de urna [pensemos que Obama es hincha de Chicago Bulls, McCain sería de Phoenix Suns].

Empujado por Hernanii, este mediodía, me fui a dar una vuelta por el barrio. Me daba un poco de fiaca, pero después pensé que podía servir de inyección anímica, que las colas de gente con ganas de cambiar el mundo podían hacer el milagro de convertirme en el joven entusiasta que en Argentina vivía cada elección como si fuera para gobernar el universo.

Sigue en TP.

→ 8 comentariosCategorías: Estados Unidos · Nueva York · Periodismo · Personal · Política · Recomendaciones

Las elecciones y los candidatos

Noviembre 2, 2008 · 11 comentarios

Los medios martillaron hasta el cansancio acerca de la excepcionalidad de los principales candidatos de las elecciones de este martes. Por el lado de los demócratas, un negro de 47 años e hijo de un inmigrante sin fortuna [Obama]; acompañado por un experimentado senador católico de Delaware [Biden]. Por parte de los republicanos, un anciano ex veterano de guerra en Vietnam [McCain]; secundado por una conservadora de 44 años, madre de 5 hijos y gobernadora del más remoto de los estados continentales de este país [Palin].

En el otro extremo, se dijo casi nada de las otras doce fórmulas que también serán de la partida, aunque la mayoría de ellas ni siquiera sueñe con el tercer puesto en un país con marcado bipartidismo y –en el caso de las elecciones presidenciales– con un colegio electoral [que se conforma con todos los integrantes de la lista gandadora en cada estado, esto es, sin relación proporcional con los votos].

Así, los partidos alternativos están bien lejos de las cámaras de televisión; se les hace cuesta arriba conseguir donaciones; no son invitados a los debates [siempre organizados por una comisión bipartita, creada y manejada por los dos grandes partidos]; resultan ninguneados por casi todos los medios medios de prensa; y, en consecuencia, quedan fuera del alcance de la vista de millones de personas.

Hace algunas semanas descubrí un candidato que me resultó interesante. Matt González, un abogado de raíces hispanas y ex fiscal de San Francisco que acompaña en la fórmula al sempiterno candidato a presidente Ralph Nader, de tendencia progresista y que en 2000 obtuvo cerca de tres millones de votos. Me parecía oportuno hacerle una entrevista para publicar en un medio enfocado sobre temas hispanos en los Estados Unidos. La editora de turno aprobó mi propuesta.

Más tarde, mientras investigaba otro poco, supe que González no era el único candidato hispano, así que sugerí hacer otras entrevistas en esa línea. “Presentar a uno está bien, resulta pintoresco, pero seguir con ello me parece ya poco serio”, recibí como respuesta, lo que me sonó a toma de partida, como si ella misma temiera que los artículos terminaran por desviar los votos de los lectores hacia candidatos alternativos a los de los grandes partidos.

“Es una situación complicada, porque no nos permiten participar de los debates televisados y, además, ocurre con frecuencia que la prensa promueve la idea de que no tenemos chance de ganar”, me había  dicho el candidato a vicepresidente González en una entrevista telefónica de casi media hora; la respuesta de aquella editora parecía darle toda la razón.

* * *

Y ahora, para jugar un poquito, los invito a participar de una encuesta, con todas las fórmulas presidenciales y ordenadas en forma aleatoria [de manera que si actualizan la página, las verán en diferente posición].

→ 11 comentariosCategorías: Estados Unidos · Periodismo · Política

Un paseo por Long Island City

Octubre 30, 2008 · 8 comentarios

Hay barrios con poca prensa. Long Island City, por ejemplo, en el oeste de Queens, apenas un poquito separado de Manhattan por un río, el East River. Es una zona tranquila, atmósfera de pasado industrial y construcciones al estilo de algunos barrios de Brooklyn, aunque algo menos cotizadas. En subterráneo, llegar desde ahí al Central Park puede tomar unos diez minutos. No es un gran destino turístico, pero no está mal para quien viene con frecuencia a Nueva York y la mejor excusa puede ser la visita al Centro de Arte Contemporáneo PS1, un anexo del MoMA que funciona en una vieja escuela pública.

Hace algunos meses, fuimos con Fer algunas veces a caminar por Long Island City –vivimos cerca, a unos diez minutos hacia el este, internándonos en Queens. La primera fue a mediados de mayo, cuando la primavera boreal todavía no terminaba de llegar. Abajo, algunas fotos.

→ 8 comentariosCategorías: Nueva York · Por la ciudad · Recomendaciones

Pelusa está de vuelta

Octubre 29, 2008 · 31 comentarios

Por Federico Ricciardi*

¿Para qué mentir? Al principio me cagué del odio. Entendí que no era su lugar, que no está preparado, que de 23 partidos como técnico ganó tres. Que cualquier otro hubiese sido mejor, excepto Simeone. Que se pasa de frula, que está gordo, que es un fiestero, que es el suegro del Kun, que es el mismísimo demonio, que se necesita alguien serio, que está lleno de grosos en la Argentina. Sabía que no era lo mismo jugador que un técnico, entiendo ahora que ni siquiera importa cuántas copas tenga en tu vitrina.

Créanme, comía el asado como un pastel de papa. De pronto, por un segundo me acuerdo de D10S pateando la naranja, recuerdo al menor de edad en blanco y negro soñando con jugar en la selección, también me acuerdo de un par de goles con Brindisi, de cuando le partieron el tobillo, de los dos goles a Bélgica, de las patadas de los coreanos, de la remara de Yamaha en Rosario, del pico con Caniggia, del pase al pájaro contra Brasil, del estadio Azteca, de la mano del corrupto sin apretar, de Fidel emocionado e incluso de Carlos Méndez (y pido perdón) engualichándolo sin éxito y del patético showbol. Todavía me acuerdo que me dio un pase y dos y diez y diez mil, me acuerdo del fanático napolitano llorando, me acuerdo de la primera vez que lo vi entrando en la Bombonera y creo que hasta el peor gallina le agradeció al fútbol… y que la pasó cuando le gritaban ¡Diego! ¡Diego! Desesperadamente en un tiro libre.

Entiendo que a todos los países donde fui me dijeron: ¡Argentina!, ¡Maradona! No puedo no acordarme de la Tota, de Claudia, de las nenas y de con qué pie debo entrar a la cancha y la mano con que debo persignarme… y todavía pienso: no es un buen técnico… de pronto sin quererlo y casi escucho a lo lejos: “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del futbol mundial, y deja el tercero y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! ta ta ta ta ta ta ta… y Goooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el futbol! ¡Golazo! ¡Diego! ¡Maradona! Es para llorar perdónenme. Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… barrilete cósmico… ¿de que planeta viniste, para dejar en el camino tanto inglés? Para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina. Argentina 2 – Inglaterra 0… Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona. ¡Gracias dios, por el futbol! ¡Por Maradona! ¡Por estas lagrimas! Por este Argentina 2 … Inglaterra… 0.”

No me importa el resultado, creo que el mayor creador de magia debería tener una oportunidad. Aunque más no sea por sus fintas, por sus lágrimas, por su transpiración y por los colores. Porque cuando no lo dejaron jugar un amistoso contra un seleccionado jujeño en un potrero lleno de vidrios rompió todas las vitrinas de Barcelona a patadas.

Prefiero perder una copa con la remera tatuada en la piel que ganarla con una Selección nacional que no representa a nadie. Todos saben que prefería a otros, pero por una ridícula convicción y por el sólo argumento de una gambeta que emocionaba, creo que tenemos que pensar en 2014 sabiendo que en el 2010 si no hay copa, al menos hubo un acto de justicia.

¡Gracias Pelusa!

¡Bienvenido!

* El autor es un gran amigo y su texto me llegó en forma de correo-e, dirigido a un grupo de amigos en común.


→ 31 comentariosCategorías: Argentina · Autores invitados · Deportes

English spoken here

Octubre 27, 2008 · 10 comentarios

La semana pasada fui a la presentación de la Enciclopedia del español en los Estados Unidos, un fornido mamotreto de más de 1200 páginas. El coordinador de la obra, Humberto López Morales, un académico cubano muy efectista y simpático, contó una anécdota para graficar la presencia del idioma en este país:

En Miami –como en algunos otros sitios de los Estados Unidos– cualquier hispanohablante puede vivir y hacer todo lo que desee sin saber una palabra de inglés. [...] Uno puede comprar una casa, tratar con un abogado o ir a un médico muy especializado sin preocuparse jamás. En algunas tiendas, cosa que me ha parecido siempre una provocación injustificada, hay unos cartelitos que pueden resultar ulcerantes para los anglos blancos. En ellos puede leerse: “English spoken here” ["Se habla inglés"].

Ahora mismo hay en Estados Unidos unos 45 millones de hispanohablantes. Más que en España, en Argentina o en Colombia. Según los datos de censos oficiales, solo en México –con 106 millones– hay más hablantes de español que en este país. Al ritmo actual, se calcula que en 2050 habrá más de 130 millones. En términos cuantitativos, podría decirse que Estados Unidos será un país bilingüe.

A propósito de todo esto, es interesante algo que dijo alguna vez Gabriel García Márquez, y que justo leí en estos días en la edición española de Esquire:

Estados Unidos invierte en América latina grandes cantidades de dinero, pero siguen sin lograr lo que nosotros hacemos con ellos. Estamos cambiando su idioma, su música, su comida, su amor, incluso su forma de pensar. Estamos influyendo en ellos como a ellos les gustaría influir en nosotros.

→ 10 comentariosCategorías: Estados Unidos · Sociedad

Los deseos de Hillary

Octubre 25, 2008 · 3 comentarios

El que gana conduce y el que pierde acompaña. Desde hace varias semanas, el apotegma peronista se convirtió en un grillete incómodo para Hillary Clinton, que derrotada en las primarias de su partido tuvo que empezar a hacer campaña a favor de Obama. Este jueves, 23 de octubre, le toca en una cena organizada por el Partido Demócrata de Queens. La cita es en un ochentoso salón de fiestas de Queens Village, casi donde se termina el condado y donde ya no llegan los subtes. Desde casa, que también es en Queens, me tomó una hora y media llegar acá, los suburbios neoyorquinos donde la ciudad de Nueva York se parece muy poco a sí misma.

Desde las seis de la tarde, cerca de 600 dirigentes, militantes y simpatizantes esperan a Hillary en un comedor que –por la proximidad de Halloween– fue ambientado en negro y naranja: brujas, espantapájaros y calabazas de todos los tamaños como centros de unas cuarenta mesas para veinte comensales cada una. Acorde con el estilo del lugar y la modalidad de la cita, las mujeres lucen vestidos y accesorios brillantes; los hombres, trajes de desprolija confección.

“La finalidad de la convocatoria es alentar la participación, que nadie se olvide de que el martes 4 de noviembre hay que votar por Obama”, me cuenta uno de los organizadores. Y también recibir donaciones, habría que agregar. Aunque no me lo diga, a la entrada pude ver que el encuentro sirve también para la recaudación de fondos, ejercicio indispensable en tiempos de campaña, apenas “doce días antes de empezar a cambiar la historia”, como insiste cada uno de los que se sube al escenario antes de la llegada de la invitada especial.

Acompañada por más guardaespaldas que colaboradores, Hillary llega casi una hora más tarde de lo anunciado, pero se quedará cerca del doble del tiempo previsto: unos 30 minutos en total. Ingresa al salón por una puerta alternativa y le toma varios minutos llegar a la tarima central. Por su puesto, las más entusiastas eran las mujeres, sus más leales seguidoras. Muchos besos, muchas sonrisas, muchas fotos. Cuando llega a su asiento, en una mesa sobre sobre el escenario, reservada para ella y algunos de los más notables del distrito, alguien le acerca un té con limón en vaso de cartón que la ex-candidata agradece so much.

Después de una generosa presentación del jefe del distrito, Joe Crowley –un gringo simpático y corpulento que desde 1999 representa a El Bronx y parte de Queens en el Congreso nacional–, Hillary se hace del micrófono por doce minutos, los que le alcanzan para cumplir con lo que la ocasión espera de ella: elogia a los demócratas de Queens, nombra a cada uno de los organizadores, condena la gestión republicana, critica a John McCain y a Sarah Palin y, por supuesto, repite una y otra vez su apoyo a Obama.

Mientras la escucho, pienso en las veces que habrá repetido este mismo discurso en los últimos dos meses, apenas cambiando algunos nombres propios. Y me pregunto qué tantas ganas puede tener de estar ahí en este instante, pidiendo por votos para quien fue su más duro [imbatible] adversario. Su campaña, su carrera hacia la Casa Blanca terminó de manera formal el 25 de agosto pasado, en la Convención de Denver. Acaso todas sus esperanzas de convertirse en presidente se hayan esfumado en esos días y para siempre, pero ahora mismo está ahí parada, otra vez en campaña, aunque a favor de quien terminó con su sueño.

* * *

Este domingo, 26 de octubre, Hillary Clinton cumplirá años. Será acaso una celebración muy distinta de la que ella misma habrá imaginado hace algunos meses. El fenómeno Obama cambió tanto sus planes que mañana –frente a una torta con 61 velitas– tendrá que pensar nuevos deseos.

→ 3 comentariosCategorías: Estados Unidos · Política

Una gran historia contada a través del cine

Octubre 19, 2008 · 7 comentarios

Hace diez años, recuerdo, fui a ver El sabor de la cereza, de Abbas Kiarostami. Como miles de porteños, llegué entusiasmado por el fenómeno del cine iraní que los más expertos promovían a través de los medios. Creo que la vi en el cine Lorca, o en el Cosmos, el tipo de salas en las que se acostumbra a exhibir películas independientes o con pretensión artística. No podría decir que la película me disgustó, pero tampoco fue lo fascinante que habría esperado a partir de lo que decían los entendidos. Además, me pareció aburrida.

Ahora leo una declaración de Kiarostami, reproducida por Página/12 en 1998:

“No puedo decir cuál es mi ideal cinematográfico, pero sí puedo decir que el cine ya no es un medio para contar historias. Ese período ya pasó. El cine no es una novela con imágenes. No consiste en la manipulación de emociones del espectador. No es educativo, ni es entretenimiento. El mejor cine es aquel que hace preguntas. Y queda para el espectador buscar la respuesta, completar el trabajo inacabado. Existen tantas versiones distintas de una película como espectadores”.

Habría sido bueno saberlo antes de ver su película; quizá debería verla otra vez, en esa clave. Igual no coincido con Kiarostami. Me parece que el cine es un gran medio “para contar historias” y no veo por qué alguna vez habría de dejar de serlo. Además, puede resultar educativo y servir como entretenimiento. No pretendo criticar a Kiarostami –apenas vi una sola de sus películas [hizo más de cuarenta] y acabo de leer dos entrevistas [esta en español, esta en inglés]–, pero me acordé de él –y de El sabor de la cereza– cuando empezaba a escribir esta entrada, sobre Persépolis, una película que vi esta semana.

Aunque la ficha informativa dice que se trata de una producción francesa, Persépolis es la versión cinematográfica de una novela gráfica [a modo de tira y autobiográfica] de la iraní Marjane Satrapi. Para más datos, es una película animada, en blanco y negro, sobre la vida en Irán a partir de la revolución islámica de 1979. Inteligente, curiosa, sensible y comprometida, la pequeña Marji –protagonista del filme– tiene bastante de Mafalda, aunque también una existencia mucho más complicada. Hija única de un matrimonio de clase media y activistas políticos, Marji es enviada a Austria a los doce años.

“No sabía que ahora eras francesa”, acusa a la protagonista la voz de su conciencia, que no es otra que la de su propia abuela. “¿Crees que es fácil ser iraní aquí? Si lo digo me tratan como una salvaje. Todos creen que somos fanáticos, violentos y sanguinarios”, responde Marji, cuando debe andar por los 16 años, todavía exiliada en Viena.

La secuencia me recordó un poco lo que trataba en una entrada reciente, acerca de los preconceptos, de los juicios valorativos, de las diferencias culturales, de la ignorancia propia y ajena. Pensé en Iván, el comentarista que aseguraba haber vivido en EEEUU, que no podía creer “lo básicos que son  [los estadounidenses]” y que “a nivel cultura general [los argentinos] los aplastamos, por lejos”. Me preguntaba cómo imaginaría él a los iraníes y su justificación después de ver la película: “Bueno, si hasta los austríacos los imaginan fanáticos, violentos y sanguinarios, ¿por qué no vamos a hacerlo también nosotros, tan europeos que somos?”

Para mí, Persépolis es el caso de una gran historia contada a través del cine [y que nos hace preguntas]. A continuación, el tráiler con subtítulos en español [acá, la versión en inglés].

→ 7 comentariosCategorías: Apuntes · Cine / TV · Recomendaciones · Sociedad

Expectante

Octubre 17, 2008 · 12 comentarios

Uno. La elección de un nuevo entrenador para la selección de fútbol me pone expectante. Siempre. Tanto como si se tratara del nombramiento del gabinete de ministros de un presidente electo. También me pasa cuando hay que reemplazar al técnico de Boca, aunque un poco menos. Llegue quien llegue, igual alentaré  a Boca, mientras que si no me gusta el que se haga cargo de la Selección argentina es muy probable que deje de ver los partidos como hincha, por lo menos hasta que se termine el nuevo ciclo. Sería el caso, por ejemplo, si asumiera el Cholo Simeone, uno de los candidatos. Tengo muy claro, no soy siquiera nacionalista futbolístico.

Dos. Además de Simeone, en los medios mencionan a Miguel Ángel Russo, al Checho Batista y a Carlos Bianchi; por suerte ya no figura el impresentable Oscar Ruggeri. Si tengo que elegir, me inclino por Russo, el único que cuenta con los requisitos que a mí me gustaría que cumpliera quien resulte elegido entrenador de la Selección. Me parece un tipo serio, con experiencia, ganó títulos con diferentes clubes [Lanús, Estudiantes, Vélez y Boca] y tiene entre 45 y 55 años. Alguien menor, quizá, podría no tener autoridad suficiente para manejar a los jugadores más grandes [Riquelme, Zanetti, Heinze, Cambiasso]; a alguien mayor le costaría bastante llegar a los más jóvenes [Messi, Agüero, Ustari].

Tres. Los alcahuetes de siempre, por supuesto, postularon a Diego Maradona. “Yo con Maradona, en términos futbolísticos, voy a la guerra […] Si es poner la celeste y blanca, nadie la merece más que Maradona”, decía esta mañana Juan Carlos Pasman. “Este momento amerita tu presencia […] Los conocimientos los tenés, las capacidades las tenés y además estás en un momento personal que todos vemos que es óptimo”, agregaba otro chupamedias, su compañero Martín Liberman, mientras entrevistaba al Diez. ¿Qué es lo que lleva a pensar a ese tipo de periodistas –por no llamarlos salamines– que por haber sido el mejor jugador del planeta alguien se merece ser entrenador de la Selección?

→ 12 comentariosCategorías: Apuntes · Deportes · Periodismo

NYC garpa

Octubre 15, 2008 · 10 comentarios

Por Gabriel Llorens*

La capital del mundo vive al margen de él. No necesita mirar hacia fuera, todo puede estar dentro de ella. Culturas, idiomas, costumbres, comidas, consumos, ritos, artes, músicas, naturaleza. La sensación es que todo puede estar acá. En una convivencia extraña, a veces indiferente; otras apenas tolerante; algunas más, de melange fecunda.

Además de estar atento a los aviones que llegan de allá afuera (es conveniente contribuir a que aterricen en pistas, no contra edificios) ¿es necesario mirar al mundo para algo en especial?

Aquel planeta, allá, está preocupado. Una crisis financiera (¿qué empezó acá?) se vuelve económica y amenaza a millones. Una elección presidencial puede “cambiar la historia”.

NYC está en otra parte.

Esta semana, quizás, sabremos si han sido suficientes los paquetes de rescate, y los fotogénicos corredores de bolsa se calman, y comienzan a sonreír, y unos cuantos millones de familias tienen chance de conservar su casa. O su empleo. O no.

En tres semanas sabremos cuánto cambio quiere esta gente y si un veterano de guerra de setenta y pico o un universitario brillante de cuarenta y tantos se pone al frente del mundo. Es, dicen allá, el acontecimiento político más importante del año.

NYC está en otra parte.

Consume, grita, disfruta, expulsa y recibe. Late. Discute. A veces, se burla.

Si el ciego no mintió y existe el “punto del espacio que contiene todos los puntos”, no puede andar lejos de acá.

Por eso, de pasar por este pueblo, el consejo es uno solo: agarren la 7 (la de Barney) y bajen en la 52. Frente a los bomberos, van a encontrar la mejor compañía, buenas cervezas y un sofá cama que no te explico.  Ahí sí, sospecho, está NYC.

* El autor es un gran amigo personal, de esos que uno elige para siempre. Que haya estado cuatro días de visita en NY, fue para mí un deseo cumplido.

→ 10 comentariosCategorías: Autores invitados · Nueva York · Sociedad · Visitantes

No son ellos, somos nosotros

Octubre 6, 2008 · 50 comentarios

Hace algunos días, Majul entrevistó para su programa de radio a un analista político que vive en Nueva York. Quería saber cuáles habían sido en Estados Unidos las repercusiones provocadas por el discurso de Cristina F. de Kirchner en la Asamblea General de la ONU. A ver si lo entendemos ¡y lo asumimos! de una vez: a los gringos les importa un pito lo que pase en Argentina o lo que diga su presidente. Y no solo eso: la mayoría de los estadounidenses no tiene idea siquiera dónde queda Argentina ni cuál es su ciudad capital. ¡Manga de ignorantes!, se indignarán algunos, ahora mismo, sacudiendo sus cabezas. Pero no señores, que no es una cuestión de cultura, sino que tiene que ver con la propia insignificancia: Argentina, peccata minuta.

Buenos Aires es la capital de Argentina, un país que está en Sudamérica. Lejos de México, mucho más al sur, justo donde se termina el continente. Hablamos español, como en casi todos los países de Sudamérica; en Brasil, portugués. ¿El clima? Bueno, varía de acuerdo con la región. Argentina es un país bastante grande en extensión; en algunas regiones hace calor, en otras mucho frío. Buenos Aires es una ciudad grande, un área metropolitana con unos 13 millones de habitantes. Tiene cuatro estaciones muy marcadas, en verano es caluroso y hay mucha humedad, como en Nueva York; el invierno no es tan frio, y no nieva.

Así de puntual y esquemática, la simplificación se impone como una fórmula en cualquier encuentro de presentación con un gringo promedio. Y tenemos que asumirlo. Porque aunque a muchos se les estruja hasta el alma, eso es casi todo lo que –por ahora– están dispuestos a saber de Argentina. Para qué más. Lo de Majul –que hasta me cae simpático– es apenas una muestra, pero por demás incómoda si se tiene en cuenta que es uno de los periodistas con más exposición del país. Uno supondría que lee algunos diarios extranjeros antes de salir al aire como un mozo atolondrado. Y si no es él, al menos alguno de sus productores.

En junio, cuando estuve en Buenos Aires, en una cena con amigos, alguien quiso saber qué repercusiones había tenido en Estados Unidos el conflicto del campo. Le respondí que ninguna, por supuesto. Le costaba creerme. Como si la mayoría de los argentinos estuviéramos al tanto de lo que pasa en Croacia, conociéramos la situación económica en Egipto y supiéramos el nombre del presidente de Polonia, por decir algo. Podría haber elegido otros países –Francia, Inglaterra y Holanda– y el nivel de conocimiento no sería muy superior, pero resultaría una comparación demasiado pretenciosa para la importancia de Argentina en el contexto mundial.

Es posible que la educación pública tenga su cuota de aporte en la tan valorada cultura general de los argentinos, pero hay una cosa que es mucho más cierta: lo que sabemos de Estados Unidos no es por mérito propio, sino de la industria del cine de Hollywood: casi cualquier argentino podría citar al menos diez ciudades de ese país, nombrar tres de sus presidentes, y hacer una interminable lista de actores, cantantes, deportistas y marcas de productos de casi todos los rubros que se nos ocurra.

Por antipático que resulte, hay poco de reciprocidad en la cuestión y, como si fuera poco, a los gringos no les gusta el fútbol, la carta franca de presentación argentina en casi cualquier lugar del planeta, fuera de Estados Unidos y algún otro puñado de naciones. Tan escasa es la atención al fútbol, que hace unos días se quejaba el entrenador de un equipo de la liga de este país: “Siete de los once titulares que jugaron en mi equipo el último domingo no saben quién es [Martín] Palermo.” Nadie pretende que el delantero de Boca sea un referente argentino en el mundo, pero el técnico piensa que sí debería serlo para cualquiera que pretenda vivir del fútbol. “Acá, terminan los entrenamientos y salen corriendo a ver los partidos de béisbol o de fútbol americano”, añadía resignado.

En el mejor de los casos, frente a un argentino, un estadounidense buscará confirmar si venimos del mismo país en el que nació Manu Ginóbili.

→ 50 comentariosCategorías: Apuntes · Argentina · Estados Unidos · Periodismo · Sociedad

Gata Flora [08]

Octubre 2, 2008 · 6 comentarios

A partir de hoy está en las calles el número 8 de Gata Flora, así que de a poco llegará a los kioscos de todo el país. Esta vez, la tapa está dedicada a Susan Sontag, la novelista neoyorquina del gran mechón blanco que nace justo arriba de su frente. Por mi parte, escribí sobre el fin del verano en Nueva York. A continuación, copio los primeros párrafos.

El parque central

El verano en Nueva York, por lo general, se despide mansito. Mansito, y no mancito, la simpática forma de un colega colombiano para referirse a un man chiquito. El calor te aplasta durante casi todo agosto, pero llega septiembre y listo: resulta que un día tenés que empezar a abrigarte un poco. “Medias y saquito”, dice un amigo, es la primera señal de que el verano se está terminando. Me preocupa muy poco. No me gusta el calor neoyorquino, húmedo y pegasoso, igualito al que algunos disfrutan y otros padecemos en Buenos Aires.

El último domingo de la temporada, habíamos planeado quedarnos en casa. Tenía que escribir lo que esta vez tendrá poco de crónica y daban Boca-Independiente, un partido que podía ver por la tele en directo. Hasta que llegó el mediodía. Afuera había un solazo y la temperatura alcanzaba los 32ºC –rarísimo para esta época del año–, con una sensación térmica de 37. La sensación térmica, ese índice fetiche de los argentinos que acá se lo conoce como RealFeel®, así, con esa erre envueltita que significa que alguien dice ser su dueño.

Sentí entonces algo de nostalgia anticipada, porque entre Buenos Aires y Lima ya le había robado unas cuantas semanas al verano de este año y temí arrepentirme dentro de unos meses, en medio de un invierno que nunca da tregua. Nos preparamos unos sándwiches y nos fuimos al Central Park. Combinación mediante, el subte que tomamos en la esquina de casa nos escupe en el vértice sudeste de ese inmenso parche verde en el centro de Manhattan. Justito en el vértice donde coincidían cuatro argentinas: dos veinteañeras, su madre y una tía, presumo.

Era fácil identificar su procedencia. No por el seudo-instinto del que algunos nos jactamos en el exterior para identificar compatriotas, sino por el sello que una las más jóvenes lucía en sus nalgas: la mitad de las argentinas menores de 35 que vienen a de vacaciones a Nueva York llegan con el logo de la marca Rapsodia estampado en los bolsillos traseros de sus pantalones. Una especie de franqueo de migraciones para salir de Ezeiza. Hace más de una década serían los jeans bien ajustados, pero en los últimos años la mariposa bordada de Rapsodia se convirtió en el distintivo.

En algunas semanas, el texto completo.

→ 6 comentariosCategorías: Gata Flora · Nueva York · Por la ciudad · Vida cotidiana