Otra vez, Susan Segal endulzó los oídos de Cristina Kirchner: “Quiero decir que, como siempre, ha hecho toda su presentación sin un papel”, dijo la presidente del Council of the Americas [COAS], cuando la argentina terminó con su exposición, de poco más de una hora. La propia Cristina retrocedió y cogoteó para acercarse de vuelta al micrófono: “A ella le encanta eso, desde que me conoció, en el año 2004, que me dice habla sin un papel, no lo puedo creer”. Y digo yo: lo bien que haría en contar con algunos apuntes, así, tal vez, no se repetiría tanto.
Su discurso de ayer en el Waldorf Astoria, organizado por el COAS, fue casi idéntico al del año pasado, apenas actualizado por lo que pasó desde entonces. Volvió a hablar de la crisis y de la recuperación, de los logros de la gestión Kirchner, de los premios Nobel argentinos, de la “natural creatividad” de los argentinos. Lo nuevo, por ejemplo, fue el “episodio del tomate” [acerca del aumento del astronómico aumento del noble fruto rojo en la Argentina la primavera pasada]. Tiene, no lo dudo, una gran fluidez y facilidad de palabra, pero resulta por demás grandilocuente.
Muy a su favor, este año se aceptaron preguntas de los asistentes, sin filtro. Y casi me emociono cuando llegó la primera, de Daniel Kerner [con quien somos amigos y que lo nombro porque hoy apareció mencionado en los principales diarios argentinos]. Días atrás habíamos estado recordando las estúpidas preguntas que se le habían hecho a la entonces senadora y candidata presidencial, un año antes, en el mismo encuentro. Su pregunta rompió el plácido ambiente y, tan polvorita, se encendió Cristina:
“En todo su discurso usted no mencionó, en ningún momento a la inflación. De esto debe desprenderse que en Argentina la inflación no es un problema, que su Gobierno no va a hacer nada. ¿Cómo en realidad considera usted el tema, dado que en las encuestas y todos los análisis hoy es tal vez, el principal problema en la Argentina y de paso también cuanto cree sea la inflación, dado que las estadísticas no son muy creíbles?”
El castigo fue una respuesta de 15 minutos, mirando a la cara de Daniel casi todo el tiempo y disparando ironías poco sutiles: “no sé si usted entiende de estadísticas”; “no sé si conoce, pero [Tierra del Fuego] es una provincia insular de mi país: la República Argentina”; y, para cerrar, “es necesario no solamente gobernar con precisión, sino también opinar con fundamentos”.
Claro que lo peor fue no haber reconocido que la inflación es un problema para los argentinos: “la no mención del tema no fue porque no lo consideramos un problema, hoy, en la República Argentina”, aseguró, mientras Segal asentía con cara de pobrecita, las cejitas arqueadas hacia los costados y los bracitos cruzados [por alguna razón, siento que de Segal hay que hablar en diminutivo].
La segunda de las preguntas fue malgastada. El comensal dijo que había leído en los diarios que el 73 por ciento de los argentinos ven a su Gobierno en forma regular o mala (“por la inconfiabilidad de los índices, la crisis del campo mal manejada, y otros factores políticos”) y le pidió a Cristina una opinión al respecto. La Presidente la hizo fácil: cuestionó las encuestas, sus métodos y a los medios que las publicaban. Néstor, le escuché decir a la salida, aseguró que le habría respondido todavía más fácil: “Mirá, ahí lo tenésh shentado a Shuleta [Puceiro], que tiene una encueshta que nosh dá el shincuenta y sheish. Qué shé sho, preguntale a él”, le comentaba a uno de los empresarios que formaba parte de la comitiva.
La última pregunta, de una joven del banco Credit Suisse, fue bien técnica: “¿Qué piensa hacer el Gobierno si es que los ingresos del próximo año no llegan a ser los que están en el Presupuesto, se piensa aumentar los impuestos en otros sectores, va a tratar de recortar el gasto, suprimir los subsidios?”, resultó el disparador para los títulos de tapa de los diarios de hoy: “Los que necesitan el plan B son ustedes [en los Estados Unidos]”.
Y ahora ya está, no me detesten, que al menos por unos días, no volveré a hablar de Cristina Kirchner.
PD. Con ligeras modificaciones del editor, acá puede leerse la presentación completa. Se perderán, eso sí, la pretensiosa pronunciación que –sin necesidad– intentó CFK cuando dijo palabras en inglés [software, company, council].